Recordar nos obliga: Mensaje de saludo de Pr. Jobst Bittner para la Marcha de La Vida 2026

Queridos amigos de la Marcha de La Vida:

Les envío un cordial saludo, sin importar en qué país o ciudad están participando de un evento de la Marcha de La Vida. Juntos, alzando la voz con decenas de miles de participantes en las marchas en todo el mundo, se pronuncian contra el antisemitismo y el odio hacía los judíos. Cada uno de ustedes cuenta. Muchas gracias por estar aquí. Nuestro lema común para este año es: “Recordar obliga”.

El año 2026 quedará en la historia para Israel y para las Naciones.

Desde el brutal ataque de Hamas el 7 de octubre de 2023, Israel ha tenido que defenderse en múltiples frentes contra el demoníaco plan de destrucción de los mulás iraníes y sus aliados. Mientras en los países occidentales se proclamaba el diálogo cultural con el Islam, en Teherán se gritaba “Muerte a los judíos” y se impulsaba la construcción de la bomba atómica para poder eliminar a Israel de la faz de la tierra.

La masacre de Hamas del 7 de octubre reveló la cruel realidad de un odio judío bárbaro, que poco después fue celebrado en las calles del mundo occidental por decenas de miles de fanáticos. Desde entonces, la población israelí ha tenido que aprender a vivir en búnkeres. El terrorismo con misiles que duró varios años por Hezbollah en el Líbano y los hutíes alcanzó su punto culminante este año durante la guerra de marzo/abril contra el mortal régimen de los mulás en Irán.

¿De dónde proviene este indescriptible odio hacia los judíos y antisemitismo en el mundo, que desde el 7 de octubre de 2023 ha aumentado globalmente en un insoportable 50 %? ¿Y por qué Israel se encuentra, una vez más, solo en medio de un huracán de hostilidad, siendo el único estado democrático en Medio Oriente donde se garantiza y se ejerce la libertad de religión y de expresión?

Me pregunto: ¿A qué recordamos en estos tiempos y cuáles de nuestros recuerdos son tan decisivos que pueden guiar nuestras acciones? ¿Cómo podemos comprometernos a hacer lo correcto mientras los gobernantes ignoran límites morales y hacen de su fuerza la medida de su acción?

La aniquilación de los judíos no fue solo propaganda; es una realidad histórica. Por eso, recordamos especialmente en este tiempo el Holocausto y la muerte dolorosa de seis millones de judíos. Cada uno tenía un nombre, una familia y una historia. Eran padres y madres judíos, niños y niñas, abuelos y abuelas; jóvenes y ancianos. Personas creadas por Dios, a Su imagen, dotadas de un valor inconmensurable. Quien los degrada, deshumaniza, discrimina o mata, atenta contra el rostro de Dios.

Adolf Hitler no inventó el antisemitismo. Se basó en un legado antisemita de 2.000 años de la Iglesia, que se propagó como un veneno por todas las naciones. Por ello, hoy recordamos también la indiferencia y el silencio de las iglesias, sin los cuales el Holocausto no habría ocurrido. Como cristianos, confesamos la elección eterna del pueblo judío.

Por eso se aplica: quien hoy guarda silencio frente al antisemitismo y al odio hacia los judíos corre el riesgo de actuar de igual manera y de ser culpable, como lo fueron los espectadores, cómplices y la mayoría silenciosa en el tiempo del nazismo.

El antisemitismo y el odio hacia los judíos comienzan siempre cuando las personas se acostumbran sistemáticamente a un lenguaje degradante, lo que va alterando su percepción de la realidad.
Por eso recordamos el clima antisemita en casi todos los países a las puertas de la Segunda Guerra Mundial, que posibilitó el Holocausto y hizo imposible la salvación de la población judía. Los judíos eran ridiculizados, perseguidos, deshumanizados, comparados con ratas y parásitos. Hubo casi ningún país en los que no fueron despojados de sus derechos, demonizados y excluidos.

Hoy experimentamos nuevamente cómo las personas son insultadas, degradadas y deshumanizadas por los gobernantes. Quien hoy no se opone al lenguaje del insulto y del odio permite que los umbrales morales sigan descendiendo y que los demonios anti-judíos del pasado vuelvan a entrar con un ropaje moderno.

Según una encuesta global en 102 países, el antisemitismo avanza especialmente entre los jóvenes. Con el ascenso de políticos autoritarios y la creciente influencia de movimientos de izquierda y derecha, observamos un aumento constante de patrones de pensamientos y acciones antisemitas. Esto no solo se manifiesta en consignas, sino también en hechos: destrucción de cementerios judíos, ataques a sinagogas, agresiones diarias a la vida judía y la deslegitimación política del Estado de Israel.

La hostilidad hacia los judíos persiste en la segunda y tercera generación, conservada, heredada y cultivada en familias que nunca se distanciaron públicamente de su antisemitismo y odio a los judíos.

Por eso, estamos obligados a alzar nuestra voz. Recordar obliga — en 2026 más que nunca.

Nos comprometemos, frente a los seis millones de víctimas del Holocausto, a no guardar silencio ante el antisemitismo y el odio a los judíos de nuestro tiempo.

Nos comprometemos, frente a nuestro legado antisemita de 2.000 años como cristianos provenientes de iglesias y comunidades, a superar nuestra indiferencia y reconocer la importancia permanente de la elección del pueblo judío.

Nos comprometemos, ante la brutalización del lenguaje, a expresar aprecio en lugar de insultar, a honrar al ser humano como imagen de Dios en lugar de deshumanizar, y en lugar de maldecir a otros, bendecirlos con bendición.

Por eso estamos aquí, alzando nuestra voz “por amor a Sión”, y bendecimos a Israel de todo corazón.

Y por eso estamos aquí, alzamos nuestra voz y bendecimos al pueblo iraní, y oramos para que, liberado del cautiverio de los mulás, pueda estar junto a Israel en amistad.

Y por eso bendecimos a las naciones de Medio Oriente, así como a nuestro propio país y nuestra ciudad, con la bendición aarónica.

La bendición aarónica es una bendición bíblica de Números 6:24–26, que se pronuncia tanto en el judaísmo como en el cristianismo como expresión de protección y paz divina:

“¡Que el Señor te bendiga, y te cuide! ¡Que el Señor haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia! ¡Que el Señor alce su rostro sobre ti, y ponga en ti paz!”

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